La primera, y hasta el momento única enfermedad que ha sido eliminada del planeta es la viruela. Gracias a un exitoso programa de vacunación global, el 8 de mayo de 1980 la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente erradicado este trastorno infeccioso que provocó millones de muertes en el pasado.
Ninguna otra enfermedad ha conseguido, hasta la fecha, ser de nuevo borrada por completo de la lista de enemigos infecciosos de la humanidad, aunque son varios los males que las vacunas han conseguido arrinconar en los últimos años.
La poliomielitis es la más firme candidata a seguir la senda abierta por la viruela. Hace años que no se registran casos en Europa, América y Oceanía, aunque el objetivo de eliminación total no se ha conseguido porque en algunos países de África y Asia, como Pakistán y Afganistán, siguen dándose todavía brotes periódicos debido a que, por distintas trabas, como el ataque a voluntarios por parte de grupos fundamentalistas, no se puede llevar a cabo una correcta campaña de vacunación global.
A gran distancia, entre otros trastornos, también se han conseguido importantes avances frente al tétanos neonatal, responsable de una gran cantidad de muertes de recién nacido, que ha conseguido ser erradicado en más de 100 países.
Pero si el foco se reduce al primer mundo, el número de enfermedades que las vacunas han conseguido colocar contra las cuerdas es mayor. Las altas coberturas de inmunización han arrinconado a enfermedades como el sarampión o la rubéola y,en distinta medida, también han logrado que problemas como la difteria, el tétanos o la enfermedad importada por H. influenzae b hayan dejado de ser una grave preocupación para los ciudadanos.
"En nuestro medio, con estas enfermedades hemos pasado de tener un gran número de casos y muertes asociadas, a tener casos excepcionales o pequeños brotes. El cambio ha sido radical", explica David Moreno, coordinador del Comité asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP).
La rubéola, de hecho, se considera eliminada de la región de las Américas. En España, como en otros países de Europa, se mantiene en niveles de eliminación y, desde el año 2009, "la incidencia anual es inferior a un caso por millón de habitantes", según datos del Instituto de Salud Carlos III, aunque se han registrado casos importados aislados.
La introducción, en 1981, de la vacuna de la triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis) ha contribuido, igualmente, a reducir considerablemente los casos de sarampión -actualmente con tasas de menos de un caso por 100.000 habitantes-, aunque la eliminación total de la enfermedad preocupa más a los especialistas ya que, entre 2010 y 2012, se produjo un rebrote en toda Europa que también tuvo su pequeño eco en España.
Este repunte se derivaba, fundamentalmente, de la existencia de "nichos de no vacunación", tal y como como explica Amos José García Rojas, presidente de la Sociedad Española de Vacunología.
El artículo firmado por Andrew Wakefield y publicado en The Lancet que ligaba las vacunas con casos de autismo, expone el especialista, "hizo un daño terrible" y dio alas al colectivo antivacunas, lo que mermó la cobertura vacunal (en países como Holanda mucho más que en España) y abrió la puerta a los brotes.
Lo que pasó entonces -y lo que ha pasado ahora con la difteria- "nos recuerda que nunca se puede bajar la guardia con las enfermedades de transmisión", subraya García Rojas, que recomienda cumplir el calendario vigente de inmunizaciones.
"El efecto de las vacunas no siempre se ve, y por eso parece que no existe. La gente está tan acostumbrada a no ver la difteria, que puede pensar en que no es un problema, pero este episodio ha demostrado que el riesgo está ahí", recuerda el especialista.
Coincide con su opinión Joan Caylá, miembro de la Sociedad Española de Epidemiología, que espera que "lo sucedido estos días sirva de ejemplo para que los padres se mentalicen y comprueben que las vacunas funcionan y protegen de enfermedades muy graves"
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